“El testamento es algo vivo y cada etapa de la vida puede cambiarlo”.
¿Puede una herencia cambiar las relaciones familiares?
“Lo que heredes debes dar las gracias de que han pensado en ti y te dejan algo. Lo que pasa es que es muy complicado porque mucha gente no lo entiende y tiene más tendencia a quejarse que a ser agradecida.”
¿Tienen los padres derecho a desheredar a sus hijos?
“Si los hijos o las hijas no se han portado bien con los padres, sí. Esto ya está previsto en el Código Civil de Cataluña, el artículo 451-17, que dice precisamente esto: ‘se puede desheredar siempre que se reúnan las condiciones que dice el artículo’. Y son las causas de indignidad, la denegación de alimentos al testador, el maltrato grave del testador a su cónyuge o conviviente… Pero esto también es un aspecto complicado porque estos casos deben demostrarse después.”
¿La falta de contacto puede dejar a un hijo sin herencia?
“Si es por culpa del hijo o la hija, sí. Se deben cumplir los requisitos que establece el Código Civil de Cataluña, pero indiscutiblemente se puede retirar la legítima y desheredar a esa persona.”
¿La herencia legítima, que en Cataluña es del 25% (en España es del 33%), es obligatoria?
“La legítima es obligatoria. Es la parte de la herencia del fallecido que da derecho, por tanto, es así. Lo que pasa es que dependiendo de los territorios los porcentajes pueden ser diferentes y cada autonomía se rige en función de su regulación, como es el caso de Cataluña. Y el derecho común es el que no tiene regulación autonómica y, por tanto, se aplica lo establecido.”
¿Cada vez hay más herencias que se otorgan en vida?
“Esto sucede, aunque lo que se hace ahora es el pacto sucesorio: los padres y los hijos llegan a un acuerdo y se les dice ‘el día que me muera tendrás derecho a esto’. Esto está regulado por el Código Civil de Cataluña y se inscribe en el registro de la propiedad y después ya no se puede cambiar si no hay un acuerdo mutuo entre padres e hijos.”
¿La legislación actual es demasiado proteccionista con los herederos?
“Cada persona es libre de dejar sus bienes a quien quiera. Si los hijos no se han portado bien con los padres… pero también puede ser al revés: de los hijos a los padres. Si la persona que fallece no tiene descendencia, la legítima puede pasar tanto de padres a hijos como de hijos a padres si están vivos.”
Usted, que tiene experiencia en estos casos y conoce bien la legislación, ¿qué consejo suele dar?
“Todo el mundo debería conocer estos temas. Lo que pasa es que a veces el testamento no es del agrado de los herederos, pero bueno, nosotros no podemos hacer nada al respecto. Las personas que hacen testamento dejan lo que consideran que deben dejar. Y eso es muy relativo. Muchas veces ves testamentos que se han manipulado porque se han hecho pocos días antes de la muerte y piensas ‘¿qué dices? ¡no hay derecho!’. Pero si el notario dice que esa persona es capaz de hacer testamento, no hay nada que hacer.”
¿Se pueden impugnar estos casos?
“Sí, no obstante, son muy complicados.”
¿Sabe cuántas herencias ha llegado a tramitar durante sus años de profesión?
“¡Muchas, muchas! Hay que tener en cuenta que las herencias pueden ser muy complicadas y muchas veces no es el problema de padres a hijos o hijas, sino que el problema surge porque también se añaden los nuevos miembros a cada familia. Y ahí es cuando empiezan todos los quebraderos de cabeza. Hay un porcentaje muy elevado de estos casos.”
Tiene su lógica.
“Es muy complicado, no es nada fácil. Cada familia es un mundo y cuantas más personas hay, más complicado se vuelve. Hay que decir que el testamento es algo vivo y cada etapa de la vida puede cambiar. Es muy diferente cuando uno hace el testamento a los treinta años, que a los cuarenta, a los cincuenta o a los ochenta…”
¿Y qué consejo le gusta dar a sus clientes?
“De entrada, hacer el testamento, siempre lo he dicho. Y prever lo que se quiere hacer y cómo se quiere hacer. Porque muchas veces se puede hablar con los hijos, pero esto también tiene sus pros y sus contras. Y si se quiere hacer un pacto sucesorio hay que hablar con los hijos, les guste o no les guste, porque lo más complicado de todo es tener a todo el mundo contento. Y cuando hay líos, los abogados estamos para poner paz, por mucho que a veces cueste.”